lunes, 23 de febrero de 2015

Estudio poético de mis días

A petición, 
por voto mayoritario,
escribo un resumen pormenorizado 
de mi rutina diaria.

Amanezco antes que el sol, 
me envuelvo en El Piache, su niebla 
reconforta y detiene
el paso del temporal
que nos aniquila.

Miro en el espejo
lo que quedó del apocalipsis, 
un chorro de orina caliente, 
un herraje, un camino 
de hormigas rojas llega al lavabo
buscando azúcar.

Agito llaves, suelto cerrojos, 
salgo,
absorbo del aire
todas sus impurezas, 
inicio un dialogo matutino
con una idea, 
agito verdades junto a los restos 
de mi naufragio personal,
pienso en el mañana,
tamizo las horas en silencio.

Me reúno conmigo, hago una partitura 
en el teclado,
tomo un trago de café que no existe,
comienzo a escribir. 

Cultivo nubes y algunas hortalizas 
de aire,
acumulo sedimentos de calma 
y lluvia, 
se me ha olvidado hablar, 
y me acuerdo de los muertos,
que son los que me cuentan sus vidas.

lunes, 16 de febrero de 2015

MARÍA BLANCA Y MARÍA NEGRA

Oriundas de un lindo y destartalado pueblito de mi tierra,
de esos que de tan viejos ya perdieron todos los dientes y hasta  el recuerdo del nombre,
dos hermanas que jamás fueron morochas, nacieron sin embargo el mismo día.
María Eduvigis la una, María Dolores la otra.
La madre; una margariteña de generosas carnes y ojos de sirena,
las llamo siempre por el distintivo color de piel de cada una.
Blanca y de palidez etérea la primera, morena, de tez bronceada la segunda
quedaron distinguidas por sus respectivos apodos:
María blanca y María negra.

La infancia transcurrió con ese sabor
de las paletas de dulce, el café de leche con sal, las sopas de pescado
los días del colegio, los reglazos de la maestra Minerva;
toda una tirana psicópata,
los rosarios de difuntos,  las fiestas del valle,
–la misa de la virgencita– 
a las que religiosamente las llevaban
vestidas de angelitos o querubines de feria.

La adolescencia llegó mostrando su cara no tan angelical.
María Negra, cual burda oruga convirtiose en bestial mariposa de colores,
una belleza que llamaba la atención de cuantas malas  intenciones se tropezaran con ella.
María Blanca, cada día más pálida, flaca y lánguida
solo miraba a dos pasos de distancia como María Negra acaparaba
todos los silbidos y piropos de los mozos del pueblo.
María Negra reía coqueta,
María Blanca solo callaba.

La casa ardía en llamas el día que llego Nerón Polanco;
candidato a jefe civil del pueblo, a pedir la mano de la Negra.
Todo en esa casa fueron risas y festejo.
María Blanca solo miraba... y callaba.
El día del matrimonio nadie supo a ciencia cierta
porqué extraña razón el novio jamas llegó a la cita.
La negra; pegando gritos en medio de la iglesia quedó como novia de pueblo.
Nadie se explicaba el por qué de tan absurda huida.
Lo peor vino cuando, pasado el maremoto, la negra preguntó:

–¿Donde esta María Blanca?

Hasta el sol de hoy la gente del pueblo se pregunta
porquÉ Nerón Polanco no dijo, que en vez  de la negra
se había quedado prendado de la blanca;
que todas las noches lo esperaba en el oscuro
y discretísimo traspatio de la casa
cada vez que salía de visitar a la negra.
Nadie jamás escucho los gemidos...
los gritos diciendo ¡Dios mio, Dios mio!
Los gritos de esas gentes que haciendo el amor de pie;
sienten que el mundo se les pone de cabeza.

Muchos años después se reencontraron las hermanas.
María Blanca, ya viuda,
con cinco hermosos hijos a cuestas,
bella, blanca y etérea.
María Negra, magra, mustia como una flor. Seca... y sola.
Una palabra cabía entre las dos y al abrazarse de nuevo
sonó más a saludo que a venganza.
María Negra solo la recibió diciendo:

–Eres una puta.

Y a sus sobrinos:

–¡Dios me los bendiga!

sábado, 14 de febrero de 2015

Cuando dijiste adiós (Soneto)

No siento que en verdad el tiempo pasa,
aun miro las macetas, los porrones, 
aun sigues recostada en los portones
del solariego patio de la casa.

Mi madre y su jardín, en una taza
endulzas el café con tus canciones,
y vas regando al verde de ilusiones,
que nace en el cemento y la argamasa.

No existe ya el jardín que tanto amaste,
no hay frases de consuelo que decirte,
las calas de tu vida ya se fueron.

Las flores que con tanto amor cuidaste,
heridas al tener que despedirte, 
cuando dijiste adiós, también partieron.

viernes, 13 de febrero de 2015

El renacuajo

Mientras espero, miro al renacuajo
en la charca. 
El renacuajo es negro con líneas 
grises.
 
El suelo lastima, el tipo jadea, 
una y otra vez, suda,
suda, jadea,
suda. 
 
El renacuajo es beige con pintas 
marrones,
sus ojos son curiosos y brillantes.
 
El tipo muerde, empuja. 
El renacuajo salta,
el tipo termina, 
abre mi vientre a golpes, se va 
por el callejón.
 
Cierro los ojos.
El renacuajo es marrón 
con manchas negras.

domingo, 1 de febrero de 2015

METAMORFOSIS

Hoy quiero confesarte lo que debí decirte
hace ya mucho tiempo; mi culpa fue callar, 
y prolongué una historia que bien pude evitar
llenando nuestra vida de rancias cicatrices. 
 
Decir adiós no es fácil, pero en mi muda pena, 
en vez de sufrimiento, me llevo lo bonito,
la mar de tus abrazos y el rombo laberinto 
en donde adolescente, feliz, yo me perdiera.
 
No voy a retractarme, no acortes la distancia, 
no esperan por nosotros los años venideros,
no sirven frases sordas, pues se las lleva el viento,
y solamente queda tu risa solitaria.
 
Yo seguiré adelante, tú harás lo que tú quieras.
Pensarlo es cosa absurda, ridícula y muy tonta,
pero decirlo en verso me vuelve mariposa
que en su metamorfosis, se ha convertido en piedra.
 
Y entre las lineas rotas que escribo, sin querer, 
se van desvaneciendo las puertas, las ventanas,
los surcos arrugados de nuestra vieja cama,
y todos esos años que ya no han de volver.

Ecos de la calle

La risa, sí.
Sé lo que es eso.
Sé lo que es
mostrarle al mundo
las encías,
el sabor a menta
de la pasta de dientes.
 
Yo también reía, yo
me cepillaba
en días desterrados al olvido,
en espejos
cuarteados de sarna, 
en rostros irreconocibles.
 
Yo reía,
reía sin parar,
pero llegó la piedra, 
arrancó todos mis dientes
y me dejó 
una interminable mueca
de horror.