viernes, 1 de enero de 2016

ESTUDIO POÉTICO DE LA DUDA

Hace pocas horas partió,
en dos mitades exactas,
el monumento a la duda.
 
Los que le vieron irse sostenían
que se despidió de todos,
y a sus más cercanos enemigos regaló
una estampa de la santísima trinidad
que resultó ser un calendario
de la temporada de huracanes.
 
Los que le leían, afinaban
el aire, porque solía hablar
muy bajo, para que no lo vieran,
tosía un poco, se comprimía
en trozos de flan y copas de sidra.
 
Los que le trataron, sabían que era
muy buen poeta,
que era mujer, que era artista,
que era el Nat Geo de la infancia,
pero la mayor parte del tiempo se ahogaba
en palabrería,
porque escribir era su forma de decir adiós
sin marcharse nunca.
 
Los que le amaron, perdonaron cada uno
de sus escalones, formaron
un séquito de despedida,
apagaron la luz, porque acalora
y distrae el momento final de un poema 
sin objeto, dirección,
remitente y sellos postales.
 
Hace pocas horas me levanté,
cerré los grifos de toda agua pasada,
me vestí igual que ella,
me senté a escribir,
sentí mi cabeza y mis leños
quemarse en un alud de indecisiones,
abrí, me abrí dos veces,
me rehíce,
y el poste de luz al pie de mi cama
me dijo adiós al amanecer.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada