sábado, 27 de febrero de 2016

EL SEXO, EL QUÉ, Y EL DIVINO RAMOS SUCRE

Cuando
el divino Ramos Sucre
expulsó al qué del verso y la vulva,
también te lanzó-sin conocerte-
al destierro de los eunucos
y los amantes de la cursilería.
 
Tú me olvidas, poeta, tú te llamas poeta;
tu escribes toneladas de atún en escabeche
enlatado, listo para comer en unos versos 
que ni siquiera a ti te perturban.
 
Yo me acuerdo, yo me mimo,
yo me excito con Ramos Sucre,
a mí me falta lo que a él le sobra,
me faltan años de retórica,
me falta sexo,
me falta el desbocado latido
de mis pechos brillantes,
me falta el morbo de tu miembro
escondido en montones de sosos poemas.
 
Y Ramos Sucre, monaguillo apenas,
lanzó un qué
desde mis húmedas entrañas:
 
Que me tomes,
que me comas,
que me bebas,
que me penetres,
que me des,
que no te detengas,
que no te vayas sin mí,
que no quiero seguirme acostando
con mi profesor de Semiología,
que me vuelvas loca,
que inspires erotismo
desde el símil cavernoso de tu pene,
que dejes de escribir morralla.
 
Que me hagas acabar
antes de que acabe contigo
la poesía.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada