lunes, 8 de febrero de 2016

ESTUDIO POÉTICO DE LA NADA

Habito en una escala de notas sin razón,
el sol ya no es el astro que brilla por doquier,
la musa no es la diosa que fluye en alta mar,
el verso ya no es nada de lo que quise hacer.

Insisto en mi furtiva y acólita visión
de aquello que no existe, pensando que es así
que vivo y permanezco sobre lo material
que en nada me cautiva, que nada es para mí.

Dos voces me enloquecen, me incordia la primera,
me enrostra mis fracasos con clara decepción,
y apunta entre las líneas azules de un cuaderno:
¿Por qué perdiste el tiempo con letras sin valor?

¿Por qué te has sometido a la imposible espera
de quién escribe a ratos sin más motivación
que ver crujir las hojas, las ramas y el averno
pasar como la espuma, como he pasado yo?

No hay nada, nada, nada, que pueda ante mi suerte
plasmar en un estudio, que es el invento loco
salido de las carnes sin gracia ni matices
de quien está tan sola, de quien está tan solo.

Y nada fue más grande que la voz que afirmaba
aquello que en las noches escucho al evocar
sin que yo sepa donde, ni cuando, quién, ni como
me empuja hacia adelante, me empuja sin cesar.

Y toda mi tristeza se va y me dice adiós,
porque a tan rara estirpe yo debo mi linaje,
los que producen nada por todo capital
y de la nada siembran sus versos en el aire.

Y el fondo de la nada me pide al escribir,
que nada, nada, nada me impida proseguir.

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