miércoles, 17 de febrero de 2016

ESTUDIO POÉTICO DEL ORGASMO

El fenómeno
se inicia en el iris,
la excitación es producto
de una consecutiva serie de miradas
que buscan la horizontalidad
de un sofá, de una mesa,
del suelo que siempre es una opción,
de la cama que obsesiona.
 
El entorno
originalmente lleno de música y ruido,
muestra silencio,
para luego oxigenar el aire
con el rumor melodioso, rítmico,
que viene de tus pechos agitados
por la presión sanguínea.
 
Luego, ante el impacto
de verte enrojecer
entre sábanas de seda,
inicio el ascenso
al monte de venus rasurado,
su cima coronada de sudor y endorfinas,
cuajado de metáforas húmedas. 
 
Toda yo, múltiples manos, ganas, lengua;
toda tú, grito prolongado,
salmos y oraciones cadenciosas.
Dios, que me haces, sí, ahí,
dame, dios, dios,
dios...
 
La cornea, gracias
a la tierna textura de tu clítoris
en un momento indescriptible
se dilata
hasta el extremo borde de tus labios,
hasta el diafragma quiebre de tus besos,
hasta el asombro mismo de mi fuerza.
 
De pronto, todo estalla;
todo me has dado,
todo termina.
 
Nos sorprende un tropel de risotadas,
una ternura apremiante,
una jarra de te,
un baño juntas, un emparedado
hecho con ansias
y un sueño azul, muy parecido
al amanecer que se aproxima.

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