domingo, 6 de marzo de 2016

ESTUDIO POÉTICO DE LA MUJER

Aquí estoy, mi señor,
al extremo final de todas mis mañanas,
viendo caer las hojas y la vida
en pos de tu voluntad.
 
Heme aquí, Ulises erecto,
a tu servicio,
a tus pies, jadeante,
esperando por el divino fulgor
de tu mirada, por tus manos

apretando mis pezones
que derraman gotas de sexo
mientras tú sueñas
con poseer el mundo.
 
El tedio y la soledad me responden
y anuncian otras epístolas
con capítulos diferentes,
y un solsticio en mis pensamientos.
 
¿Qué extraño embrujo ha invocado
a los antiguos espíritus de mi madre
y mis hermanas,
postradas al igual que yo en espera
de un miembro

que ya no perturba, somete ni emociona?

¿Qué ha sido de ti, mi señor,
que en la distancia
te borras, a la cabeza de tus ejércitos,
mientras mi carne envejece,
mi espera se cansa
y mi humedad, conspira?

¿Qué se perdió de ti, en medio de tantas victorias?
 
La respuesta la hemos conocido
a través de centurias de obediencia,
las crónicas de tus hazañas han sesgado
a las sombras, diosas sumidas
en la oscuridad y el miedo,
en las sábanas de seda de tu cama.
 
Se desvanece la herida, se edifica
en territorio fértil
el verbo que nunca antes se dijo,
el nuevo pedestal de nuestra estirpe.
 
Y declaro que yo,
diosa dominada por
siglos de horror,
dejo de ser pieza coleccionable,
dejo de ser jarrón etrusco, trofeo

de los héroes que celebran
en mi cuerpo sus victorias,
para ser lo que siempre he soñado,
ser yo,
ser libre.
Ser.

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