martes, 12 de abril de 2016

LUCRECIA LA PELEADORA

(A mi querida amiga, Lucrecia Marcano)
 
Lucrecia,
margariteña mía, 
hembra criada a la orilla de la playa 
que en el mercado
te agarrabas por los cabellos
y ante nadie bajabas la cabeza;
desde pequeña 
tu sino fue luchar
para no ser la sombra de nadie,
en tus barcos
los hombres solo a ti te obedecían.
 
Te recuerdo
desnuda en el patio
esperando tus adoradas novelas,
te bañabas con totuma rebosante de nostalgias,
yo te miraba y reía 
cuando decías con tu voz de sal:
 
"75 años, once hijos ¡Y todavía buenamoza!"
 
Al atardecer, ya dormías, 
y en esas medianoches de Juan Griego
partías a la playa, la roja cayena en tu cabeza,
mientras llegaban tus botes,
tus marinos,
 con cientos de kilos de pescado 
que tú salabas.
 
Los años transcurren y no borran
tus ojos de gata persa, tu lengua fustigante, 
tormento de aquel que te buscaba 
y que con seguridad te conseguía.
 
La playa lloró tu adiós
 y en la mar aún se escucha 
el eco de la historia
de una mujer sencilla
con el crepúsculo de Juan Griego
en la mirada.

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