lunes, 6 de junio de 2016

ESTUDIO POÉTICO DEL AMOR QUE TRASCIENDE

Hay cosas que, a tu lado, simplemente
no existen,
hay sellos postales de rara procedencia,
fechas que nos anotan,
nos llaman, nos sonríen y animan;
nunca fue el mundo más amable,
los mares más llenos de tez horizonte
y el ruedo más hilo,
que ese día que, sin conocerme,
te sentaste a mi lado a llorar en la escuela
porque me gritaron "gorda".
 
Éramos de la talla de los ositos de felpa
y las esculturas monumentales,
padecimos de afecto y gigantismo,
los pies nos duraban una cuadra
y un año era una sandía
en tiempos donde la cena era sopa
y nuestro desayuno, una alborada.
 
Te mudaste a los doce,
te llevaron a un valle donde
los océanos se congestionaban
por el paso de los trenes y fases de la luna;
no volvimos a vernos hasta la primera poesía,
las dos abrazamos al deseo
que nos mantuvo juntas. 
 
Hay cosas que, contigo, se han perdido
y no importa,
he perdido las llaves, el pudor y la espera,
no volví a sospechar otros dedos curiosos
que no fueran los tuyos,
ni froté otra mejilla, ni corrí hasta morirme
para estar en la estancia
sudorosa y turgente
de tus pechos rosados,
de tu espalda en la hierba
y la piel en suspenso de tu fauna candente.
 
He perdido ese gusto por la sal
y las dietas,
nos navegan al norte,
en un pueblo que nadie localiza
en el mapa,
en las pausas escribo 
sobre todas las cosas,
y tú aplaudes mis versos
y me miras, callada, 
y me chocan los autos, los aviones, la gloria
de morirme en los brazos
del amor que trasciende.

No hay comentarios:

Publicar un comentario