lunes, 26 de septiembre de 2016

AY DE NOSOSTROS

Ay de todos nosotros, 
fardos que se arrojan
a una fosa,
 hijos de la peste y el incesto

 entre la sumisión 

y la eutanasia.

Ay de todos nosotros,
muertos sin dolientes, 
 hambre limosnera,
 tierra desolada,
circo de hienas sodomitas
que devoran
las carnes y el orgullo
de mi pueblo.

Ay de todos nosotros,
ayer fuimos
el reluciente espejo de la democracia
y hoy somos
una sombra llena de dolores,
una bota militar
en nuestras caras,
una revolución de mierda
en nuestras vidas.

viernes, 23 de septiembre de 2016

TARDE

No se acaba la historia
de la sorna guerrera que ganó
mil batallas
y la más decisiva,
y la más merecida,
la que daba la gloria del amor
y los besos,
la perdió hasta la sangre
en un surco de clavos
que sembraron su espera.

Y al término de todos mis caminos,
solo ha quedado
un ser difuso
a la deriva.

No se fueron las horas,
pues la noche me arrastra
con las luces
del día
y mi llanto se impregna 

de un silencio que hiere,
de un amor que me toca
una música triste.


Mientras llueven mis versos,
he llegado hasta el fondo
de una fuente sin agua,
donde nada mi vida por pedir

demasiado,
por tus ojos tan fríos,
por sentirte tan lejos,
por quererte tan tarde.

martes, 13 de septiembre de 2016

LA ÚLTIMA OBSCENIDAD

No se ha perdido de nada
el que nada ha buscado,
ni se disuelve la lucha
para quien pelea.
Y tú,
corona de pájaros,
no has reconocido
la cruel limitación
que significa ser mujer
en un mundo fálico
y eréctil.

La última obscenidad
es tener una vagina selectiva
y proclamarlo,
darle fuerza a la palabra,
agarrarnos los pechos,
fundar un sindicato de ninfas,
declarar a los gobernantes
que no estamos supeditadas
a un pene,
que los manteles punto cruz,
la comida caliente,
la cama caliente,
el orgasmo caliente,
lo hemos reconfigurado
para felicidad de nosotras.

La última obscenidad
que se le puede ocurrir
a una mujer poeta
de verbo callejero
y soez, es asegurar
a los glandes de utilería
y a los íconos de cobre,
que somos tan inmorales
como esas rémoras del renacimiento,
que pasan toda la vida,
serviles y necias,
esperando una erección
que las sostenga.

lunes, 5 de septiembre de 2016

LA ESTATUA

Confinada en su propio vacío,
la estatua,
cerca de roca y hierro, figura armada
de cabillas y aire,
es un desafío a la cotidianidad.

Verbo hasta ahora desconocido,
deseo de hablar hasta ayer ignorado,
socava sus bases,
agrieta su mármol,
piernas y pezones.

Electra se aburre
de estar quieta,
la roca se cansa
de ser mugre.

La estatua,
figura hecha para ser contemplada,
subastada y protegida,
ya no quiere que la vean,
no soporta que los niños la acosen
y peguen chicles
debajo de sus sinuosidades.

El arte nos clavó una estaca.
La estatua se levanta, ruge,
piensa, habla sin temor
sobre su vagina,
sus sueños y realidades;
escoge ser carne,
escoge ser lluvia,
escoge ser tierra, 
escoge ser mujer.