lunes, 5 de septiembre de 2016

LA ESTATUA

Confinada en su propio vacío,
la estatua,
cerca de roca y hierro, figura armada
de cabillas y aire,
es un desafío a la cotidianidad.

Verbo hasta ahora desconocido,
deseo de hablar hasta ayer ignorado,
socava sus bases,
agrieta su mármol,
piernas y pezones.

Electra se aburre
de estar quieta,
la roca se cansa
de ser mugre.

La estatua,
figura hecha para ser contemplada,
subastada y protegida,
ya no quiere que la vean,
no soporta que los niños la acosen
y peguen chicles
debajo de sus sinuosidades.

El arte nos clavó una estaca.
La estatua se levanta, ruge,
piensa, habla sin temor
sobre su vagina,
sus sueños y realidades;
escoge ser carne,
escoge ser lluvia,
escoge ser tierra, 
escoge ser mujer.

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