martes, 13 de septiembre de 2016

LA ÚLTIMA OBSCENIDAD

No se ha perdido de nada
el que nada ha buscado,
ni se disuelve la lucha
para quien pelea.
Y tú,
corona de pájaros,
no has reconocido
la cruel limitación
que significa ser mujer
en un mundo fálico
y eréctil.
 
La última obscenidad
es tener una vagina selectiva
y proclamarlo,
darle fuerza a la palabra,
agarrarnos los pechos,
fundar un sindicato de ninfas,
declarar a los gobernantes
que no estamos supeditadas
a un pene,
que los manteles punto cruz,
la comida caliente,
la cama caliente,
el orgasmo caliente,
lo hemos reconfigurado
para felicidad de nosotras.
 
La última obscenidad
que se le puede ocurrir
a una mujer poeta
de verbo callejero
y soez, es asegurar
a los glandes de utilería
y a los íconos de cobre,
que somos tan inmorales
como esas rémoras del renacimiento,
que pasan toda la vida,
serviles y necias,
esperando una erección
que las sostenga.

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