viernes, 23 de septiembre de 2016

TARDE

No se acaba la historia
de la sorna guerrera que ganó
mil batallas
y la más decisiva,
y la más merecida,
la que daba la gloria del amor
y los besos,
la perdió hasta la sangre
en un surco de clavos
que sembraron su espera.

Y al término de todos mis caminos,
solo ha quedado
un ser difuso
a la deriva.

No se fueron las horas,
pues la noche me arrastra
con las luces
del día
y mi llanto se impregna 

de un silencio que hiere,
de un amor que me toca
una música triste.


Mientras llueven mis versos,
he llegado hasta el fondo
de una fuente sin agua,
donde nada mi vida por pedir

demasiado,
por tus ojos tan fríos,
por sentirte tan lejos,
por quererte tan tarde.

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