sábado, 1 de octubre de 2016

PIRÓMANA

Todos deberíamos arder
como verdaderos cristianos
aquí en la tierra y no
en el infierno.

Es una injusticia
no ser material inflamable
solo porque nos duele, 
es un desconsuelo
no ser Juanas, no ser santas,
no ser leña.

Tendríamos,
-es justo que así sea-,
la posibilidad de mutar,
crujir y oscurecer. Tendríamos
la oportunidad de ser
soplos de luz,
intensos y breves.

Deberíamos estallar
en un descomunal proceso
de combustión masiva,
convertirnos
en teas ambulantes,
energía útil, prisma, luz
y fuente de calor,
vidas 
con propósito y objeto.

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