sábado, 11 de marzo de 2017

LA PAPISA

Mi derecho,
al igual que mis decisiones tardías
han sido desde siempre
la última prioridad de mi historia.
Por esta circunstancia doy un paso,
un minuto de silencio
y una cómoda silla para escribir.

He decidido proclamarme
accionista mayoritaria de mis pensamientos,
me elijo a mí misma
cómo papisa transgresora de mis días
de peste y piedra,
he ordenado a todos mis espejos
que dejen de mentirme por educación
y comiencen a decirme la verdad
con poesía,
he decidido estar en permanente rebeldía
con la formalidad,
con el qué dirán,
con el descarado pacto del tiempo
y las agujas de algunos relojes
que siempre van a la derecha;
Me declaro
en contra de las líneas paralelas
que nunca se tocan,
de todo lo despótico y ruin,
de todo lo que por desconocido
se menosprecia.

Así pues, yo,
único alimento de mis huesos,
testa coronada que se jubiló para siempre
de las calles
me he reconciliado con mis tristezas,
he dejado atrás el sexo oral,
los rostros sin nombre,
los amuletos, las botellas,
el cemento despiadado
en mis rodillas.

Ah, momento grato y especial,
he abrazado de nuevo a la mujer que una vez fuera,
he perdonado su tímido reflejo,
su mirada esquiva,
para terminar las dos, café en mano,
comiéndonos el deseo de vivir
que nos espera.


1 comentario:

  1. Y qué placer da ese encuentro y esa paz declarada con una misma.
    Un placer leerte, Emilia.

    Mil besitos.

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