lunes, 6 de marzo de 2017

MUERTE ANUNCIADA

Todos se lo advertimos
y más de una vez le avisamos
que no robara dos veces
al mismo turco.
¿Qué era, judío o libanés?
Para mí son iguales,
para él
también era lo mismo.

Todos tenían sus negocios
llenos de lavadoras, equipos de sonido
y puertas cerradas,
a todos
les quitaba lo mismo.
En un mes
vació el almacén del sultán
del san, luego
los anaqueles del mahdi del crédito,
la casa del príncipe
de las ofertas,
y la oficina principal
de la odalisca electrónica.

Corría por la medianoche,
vendía una plancha por una miseria,
un negocio completo
por nada,
y volvía por más.
Ayer lo enterró la madre,
bailando un San Benito;
lo encontraron en el parque,
con la cabeza
a tres metros de todo lo demás.

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