sábado, 26 de enero de 2013

ECOS ANCESTRALES

En su apacible mirada, el silencio. 
Su cabellera al sol 
brilla al vaivén de las olas, 
sus manos acarician 
bancos de peces en la playa, 
sus ojos se encienden 
por la sal de la vida. 
 
Armada va; 
es su pecho un escudo, 
un haz de leña en su espalda,
un recuerdo guardado en sus historias. 
 
No se arrodilla, 
no calla ni se esconde,
solo ante la Virgen del Valle 
se convierte en niña y en poema. 
 
Allí están, 
iluminando su frente 
los vivos ecos ancestrales 
que corren por mis venas.
 
Yo la miro, ella escribe, ella canta,
ella teje una mara de versos,
ella espera. 
 
Vive mi madre en ella ¡vive! 
¡En la noble mujer de Margarita! 

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