miércoles, 30 de septiembre de 2015

CUANDO LA LLUVIA ES MÍA

La lluvia, cuando es temprana,
es un desahogo de los párpados del cielo
en la mañana.
La lluvia, cuando es tardía,
incordia,
retrasa y excusa.

El aire huele, las nubes se condensan, 
las cejas se juntan, el trafico colisiona
en un big bang de gente apurada,
los perros callejeros se regocijan,
los vendedores de periódicos se enojan
y cada gota nos da de beber
algún recuerdo de la calle. 

La lluvia, cuando es citadina,
es un corolario de ruidos,
un renacuajo feliz,
cauce de cloacas, paraguas y chaquetas,
agua en el aire,
nueva cita con el peluquero,
fijación por los sismos recurrentes.

La lluvia cuando es solo mía, 
llueve sueños,
llueve la ducha,
llueve mi café marrón,
llueve el poema,
llueven los dedos hábiles
y las piernas abiertas,
llueven las miradas,
los aros de cebolla, la risa,
llueve otro marrón, llueve
toda la riqueza que no tengo, 
y todos los amores
que no olvido, por el ojo de la cerradura,
al escribir. 

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