sábado, 12 de marzo de 2016

ATACAMA Y LA MEMORIA DEL SALITRE

(A mi amigo Augusto Acosta. Al Chile que nos inspira)
Atacama, vientre del norte,
pechos suaves,
carne desnuda abierta al beso;
al fin, tú y yo a solas
en esta madrugada febril,
mordidas a puro sexo,
  borrachas de soledad,
dunas y poemas.

Mujer, jamás
vi un cuerpo igual,
jamás crucé los dedos por enlazar
unas piernas como las tuyas,
jamás perdí
la noción de lo real al irme
a tierra
ante el cálido estío de tu orbe.

Eres perversa,
no me advertiste que
al lamer tu geografía,
un tsunami de sabores y tormentas
se podían producir
desde mis papilas en celo
a lo largo y ancho
de toda aquella región dura,
ardiente, poblada
de fluidos, roca ígnea,
cieno vivo de lo que una vez fuera
la memoria del salitre.

Hay arenas que buscan con descaro
el erótico verso que las tiente,
y desiertos que nos comen sin piedad
hasta culminar la poesía.

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